Hace 6 meses de la última entrada, medio año, que se dice pronto. No voy a soltar la típica disculpa junto con la promesa de postear más, sería estúpido. Pero bien, tampoco he estado parada, pues he comenzado algo que ansiaba y que por fin ha empezado a girar.
He empezado a tatuar.
Es algo que hacía aproximadamente un año que rondaba, pero la oportunidad no se daba. Y a finales de este año ha llegado el momento. Os voy a contar cómo ha sido la iniciación, algo traumática, pero divertida.
Me enseña a tatuar mi amigo de toda la vida y tatuador de hace unos años Carlos Terrado, uno de los mejores ilustradores que conozco. Cuando ya decidimos ponernos me dijo que practicaría con un tatuaje suyo que tenía que repasarse, vamos, auto-tattoo. El tatuaje en cuestión era la cabeza de un lobo de estilo japonés en la cadera izquierda. Mientras él se iba repasando me iba explicando y cuando llegó a la parte que daba más hacia la espalda y él no se llegaba me dio la maquina a mí y ale, a practicar. Cabe decir que no había cogido una máquina de tatuar en mi vida. Pero lo hice bien.
Unos días más tarde me dijo que quería hacerse una rosa atravesada por un puñal, y que se lo iba a hacer yo. Pánico, en ese momento sólo pensé que estaba loco, una cosa es repasarle las puntas del pelo al lobo y otra ya es imaginar una cama en forma de seta. Pero él dijo que confiaba en mí. Sabe como dibujo y el pulso que tengo, me dijo que lo haría bien. La verdad, él confiaba en mí pero yo en mí ni por asomo; pero si en él. Así que de cabeza.
Y este es el resultado, sólo es la línea, seguramente haya que repasarle alguna parte cuando cure, y más tarde el color... pero bien.
Realmente estoy muy contenta con el resultado, pese al miedo y los nervios ha salido genial. Me queda un largo camino por recorrer y mucho que aprender, pero esto engancha, y aunque sea duro, pues la máquina pesa bastante y acabas medio sordo, pienso que sí puedo dedicarme a esto.
Espero con ansia mi próxima víctima :)

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